¡Evento sorpresa!

Lugar para hablar sobre la casa encantada de la Colina Negra. [Alerta de spoilers]
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Lupin
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¡Evento sorpresa!

Mensajepor Lupin » 31 Ago 2016, 17:12

Y llegó la hora del evento definitivo, queridos ciudadanos. ¡Para todos vosotros, cortesía del mismísimo Denéstor, os ofrecemos el prólogo de la segunda parte de La casa de la Colina Negra!

Esto no os esperabais, ¿eh? :mrgreen:

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El hada y el guerrero

En el vertedero había un hada.

Estaba en cuclillas junto a un charco con forma de media luna, y era tan hermosa que contagiaba con su belleza a todo cuanto la rodeaba. La basura que se desperdigaba en torno a ella se convertía en un muestrario de tesoros y joyas dignas de reyes; las latas herrumbrosas brillaban en su presencia como capiteles labrados en metales preciosos; hasta los restos de comida parecían formar parte de algún banquete prodigioso.

El hada extendió sus alas de libélula y el aire se llenó de perlas de agua con su gesto. Aleteó y pareció llover en torno a ella. Sonrió a su reflejo en el charco. Acababa de salir del agua y ya la echaba de menos. En el cielo brillaba una espléndida luna llena, un círculo perfecto sobre el que, como una ceja, flotaba la única nube del crepúsculo. La miró, sonriente, y mientras miraba, ante la enorme luna blanca pasó volando un cuervo tan rojo que parecía hecho de sangre. Su sonrisa desapareció al momento. Y su expresión se convirtió en una mueca cuando un segundo pájaro rojo siguió al primero.

El hada se quedó muy quieta. No le gustaban aquellos pájaros. Ni lo que eran ni lo que representaban. Cuando las dos aves se hubieron alejado en el cielo, el hada salió de su quietud y, con cuidado, avanzó despacio siguiendo la orilla del charco. Caminaba muy lento, como si estuviera desentrenada y hubiera olvidado lo que era moverse en la superficie.

De pronto, con una energía inesperada, el hada echó a volar, y se posó en la cima de un montón de neumáticos. Desde allí contempló el vertedero, el reino de la basura y el desperdicio que se abría camino en aquel lugar. Al norte y al este se erguía una ciudad luminosa, de altos edificios acristalados; al oeste el mar, una extensión oscura que temblaba ligeramente, como si un sueño inquieto perturbara su descansar. El hada giró sobre sí misma, despacio, casi bailando, hasta quedar encarada hacia el sur, hacia el pequeño bosquecillo que lindaba con el basurero. Era un bosque extraño, de árboles retorcidos y copas exuberantes. Ese bosque no debería estar allí. Pero estaba. Había magia en él, magia y milagro. Como en ella, como en el hada.

—Asrai —dijo una voz desde abajo, desde uno de los senderos que discurrían entre las montoneras de desperdicios.

El hada abandonó la pila de neumáticos y, en el mismo movimiento, giró en el aire. Las últimas gotas de agua prendidas a su cuerpo se soltaron y centellearon a la luz de la luna como diminutas estrellas fugaces.

Una de las gotas cayó sobre el rostro del desconocido que la había llamado. El hada vestía una túnica color púrpura, abierta a la espalda para que sus alas pudieran cumplir su cometido de llevarla donde se le antojara. El hombre, en cambio, llevaba una pesada armadura negra, con la cabeza de un león rugiente labrada en oro sobre el pecho. El hada asrai era hermosa; sus ojos oscuros centellearon y una sonrisa deslumbrante se abrió paso en sus labios; apenas medía metro y medio. El guerrero, sin nombre aún, tenía el rostro surcado por mil cicatrices y era difícil ver si alguna vez había sido hermoso; era enorme, superaba los dos metros. El hada era etérea, casi irreal; el guerrero, de una solidez aterradora.

—Cazador, cazador… —canturreó el hada, revoloteando a su alrededor. Su voz era música y su vuelo una canción—. ¿Vienes de caza? ¿Vienes por mí?

—Eres una asrai —replicó él mientras observaba, divertido, su ir y venir—. Un hada acuática. Si te capturara, morirías. Te convertirías en agua. Estás a salvo. No tienes nada que temer de mí. Por lo menos no hasta que me entre sed —añadió con una sonrisa que se perdió en el laberinto de cicatrices de su cara—. ¿Qué haces aquí?

—Soy una asrai, sí —dijo. Plegó sus alas y se dejó caer ante el guerrero. Era pequeña; él, inmenso—. Soy un hada tonta. Voy donde me llaman. Me convocaron y vine. ¿Me convocaste tú?

—No. A mí también me han llamado —dijo, mirando a su alrededor. Sus ojos enrojecidos dieron con la entrada al bosque retorcido. Era de un verdor refulgente—. Estaba de viaje cuando algo dijo mi nombre desde este lado del mundo. ¿Sabes una cosa, hada? No me ha importado desviarme de mi camino porque no me gusta lo que tengo que hacer en el lugar a donde voy.

—¿Qué tienes que hacer?

—Matar a un niño.

—¡No lo hagas!

—Tengo que hacerlo.

—¡Oh! ¿Es una promesa? ¿Un encargo? ¿Una locura? ¿Por qué tienes que matarlo? ¿Qué ha hecho?

—Nacer —contestó sin más y señaló al bosque. En su pesado guantelete destelló también la luz de la luna—. Sospecho que quien nos llamó se encuentra allí dentro. ¿Vamos? Puedes volar detrás de mí si tienes miedo.

El hada soltó una carcajada y antes de que el guerrero hubiera dado un paso, entró en el bosque. Sus alas no hacían el menor ruido al romper el aire envueltas en una marabunta de brillos de luna pálida. El hombre la miró desaparecer entre la hojarasca y asintió con la cabeza, como si el comportamiento de aquel hada fuera el esperado. Entre las hadas, las asrai eran las más frágiles: hasta la luz del sol podía destruirlas y convertirlas en agua. Pero también eran de las más valientes. El guerrero apoyó su mano derecha en la empuñadura de su espada y siguió la senda de brillos que había dejado el vuelo del hada.

La encontró sentada sobre la rama de un árbol, un roble, situado en la entrada de un pequeño claro del bosque. La asrai tenía los ojos entrecerrados y movía la cabeza de izquierda a derecha como si no estuviera muy segura de lo que estaba viendo y buscara distintos ángulos por donde confrontarlo. La luz de la luna caía en sesgo entre el ramaje y teñía el mundo de plata. Sobre la hoja de un árbol había dos caracoles, y los dos aullaban muy bajo, pegadas las cabezas unas a otra.

—Los caracoles no aúllan —dijo el guerrero de la cara marcada.

—Y los hombres no deberían matar niños —replicó el hada, inclinando la cabeza hacia un lado. Lo que le llamaba la atención estaba más allá de los caracoles, junto al tocón quebrado de lo que debía haber sido un gran árbol. Una sombra verdosa palpitaba en torno a la corteza muerta, jirones de niebla esmeralda que rodeaban el tocón podrido una y otra vez, cada vez más rápido.

—Los hombres no deberían matar —dijo el guerrero tras unos segundos de silencio—. Pero lo hacen.

—Y estos caracoles aúllan. Creo que tiene más sentido que un caracol aúlle que un hombre mate. Pero yo no sé nada de nada, ¿no es así, cazador?

—¿Qué es eso? —preguntó el hombre al percatarse al fin de lo que estaba mirando a la asrai.

—Esencia —contestó el hada mientras se removía inquieta en su rama—. Está entrando en el árbol muerto. Debemos esperar. Aún no está lista.

—¿Lista para qué?

—Impaciencia, impaciencia, dichosa impaciencia. —Extendió y cerró sus alas de manera violenta—. Párate y respira, hazte el favor. Mira a tu alrededor. Tienes todo un mundo por contemplar. Por esperar a que ocurra algo te puedes estar perdiendo muchas cosas ¿sabes?

El guerrero iba a replicar pero justo en ese instante captó un movimiento por el rabillo del ojo. A su izquierda, junto a un árbol rodeado de enredaderas, varias mariposas habían roto a volar. Eran pequeñas, de alas doradas, y maniobraban inquietas de un lado a otro. Pero lo que había llamado su atención no eran las mariposas en sí, sino su vuelo. Volaban muy juntas, formando figuras entre ellas. Se unían unas a otras, se mantenían quietas durante un instante y luego rompían la formación para trazar otro dibujo: unicornios, cometas, estrellas, libélulas, notas musicales, sonrisas… El hombre aflojó la presión de su mano sobre la empuñadura de la espada. En aquel bosque no había nada que temer.

—Ya está lista —anunció el hada al cabo de unos instantes.

El guerrero miró hacia el árbol roto y las cicatrices de su rostro quedaron bañadas en la luz esmeralda que se proyectaba desde allí. Sobre el tronco quebrado se levantaba ahora un árbol completo pero fantasmal, de un verde brillante y translucido que temblaba mecido por el viento. Tenía doble copa y entre sus ramas florecían rosas de cristal que se abrían y estallaban con un suave tintinear.

La asrai extendió sus alas y se alzó sobre la rama del roble.

—¿Nos has llamado tú? ¿Sí?

—¿Hablas con el árbol? —le preguntó el guerrero.

El hada resopló y lo ignoró por completo. El tintineo de las rosas de cristal al estallar se aceleró, se frenó, volvió a acelerarse. Y en su crepitar el guerrero comenzó a entender palabras. El árbol estaba contestando a la asrai. Aguzó el oído. Las rosas cantaban en el lenguaje antiguo de las hadas de Idilia. Podía reconocerlo, pero no entenderlo. Hasta que de pronto las palabras cambiaron y hablaron en su idioma natal: el del filo de Jamás. Hacía años que no lo escuchaba y se sintió tan abrumado por los recuerdos y la nostalgia que tardó unos segundos en darse cuenta de lo que le estaba diciendo el árbol espectral.

—Ítalo Belisario, señor del león de oro, uno de los cazadores al servicio de los Arcontes de la ciudadela. Te convocaron para la matanza y aun así has acudido a mi llamada ¿Por qué lo has hecho?

—Me resultó curioso escuchar una voz en mi cabeza. Una voz que no fuera la mía, me refiero. Y tampoco tenía demasiada prisa por llegar al lugar donde debo ir.

—Va a matar a un niño —dijo la asrai, saltando de la rama al suelo. Los caracoles dejaron de aullar y miraron fijamente al guerrero, como si no dieran crédito a lo que acababan de oír. Las mariposas a su espalda dibujaron una calavera y después huyeron en desbandada. Desde lo alto de uno de los árboles algo chasqueó la lengua en un gesto de rotunda desaprobación.

—Voy a matar a un niño —anunció el guerrero llamado Ítalo. Había firmeza en su voz, pero también tristeza.

—Al niño que nació de un hada y un humano —dijo la voz del árbol—. Al mestizo cuya sangre tiene el poder de traer la Magia Muerta de regreso a la Telaraña.

—Por eso tenemos que derramarla nosotros antes, aunque nos duela —dijo Ítalo—. No podemos permitir que esa hechicería maléfica vuelva. Sería terrible para todos.

—¿El mestizo? —preguntó la asrai al tiempo que enarcaba una ceja—. ¡Oh! ¡El niño que nació de —cantó una canción, corta, hermosa y brillante: el nombre de un hada de Idilia— y el ladrón de tesoros! ¡Desafiaron las leyes y se casaron y luego desaparecieron sin dejar rastro!

—Y si hubieran seguido desaparecidos, todo habría ido bien —rezongó Ítalo—. Pero tuvieron la fatal ocurrencia de dejarse encontrar y ahora hasta la última alimaña del mundo oculto va tras ellos. Si ese niño cae en malas manos, las consecuencias serán nefastas.

—¿No hay otra opción? —preguntó Asrai—. ¿Es muerte o muerte?

—Es la muerte de uno o, con toda probabilidad, la muerte de muchos. Millones quizá. En el pasado la Magia Muerta destruyó continentes. No podemos correr el riesgo de que eso suceda otra vez. Por mucho que duela, el niño debe morir.

—Casi siempre hay más caminos que los que se ven a primera vista —dijo entonces el árbol con su tintineo de flores de cristal—. Caminos que permanecen ocultos. Aunque parece que no los haya, están ahí, solo hay que abrirlos. Por eso os he convocado a los dos aquí.

—¿Qué eres? —preguntó Ítalo.

Fue el hada quien contestó:

—Esencia, ¿no me oíste antes? Todos los bosques tienen la suya. Todos los seres vivientes. Nosotras las hadas tenemos una, aunque sea pequeña. Y hasta los humanos tenéis la vuestra, aunque la uséis poco y a veces mal.

—¿Yo tengo esencia?

—Sí, pero la llamáis de otra manera. La llamáis alma.

El guerrero asintió muy despacio.

—Y el alma de un bosque perdido en mitad de la nada nos ha llamado. ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer nosotros?

—Abrir caminos —dijo el árbol.
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Re: ¡Evento sorpresa!

Mensajepor Red » 05 Sep 2016, 00:51

OMFG!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¿Por qué no he visto esto antes? Dioses, ha sido leer esto y golpearme todo el HYPE de forma bestial, como si me acabara de comer un muro a 100 km/h. Voy a releerme La Casa, buenas noches.

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!
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Re: ¡Evento sorpresa!

Mensajepor Naeryan » 09 Sep 2016, 16:37

Me gusta un montón la descripción inicial del hada y cómo afecta a su entorno. Es muy muy vívida, y también la pareja protagonista del fragmento en sí.

The fandom is silent but it awaits you, Cotri. :twisted:

(PD: Belisario... ¿será coincidencia de nombres solo?)
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Re: ¡Evento sorpresa!

Mensajepor Lupin » 11 Sep 2016, 15:48

Estaba esperando para postear cuando ya hubiera posteado alguien para no hacer doble post, pero al final he esperado demasiado. xD

Pues bien, ¡me encanta también! No es tan impactante como otros prólogos de novelas de Cotrina (siempre he pensado que los preludios es uno de sus puntos fuertes), pero no por ello peor. Los personajes han quedado muy bien caracterizados en unas pocas líneas y dan muchas ganas de saber más sobre su papel en la historia del mestizo y la petición que tiene el árbol para ellos.

También me encanta muy mucho cómo se mete la hada con Ítalo reiteradamente por su misión. xD
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